jueves, 14 de abril de 2011

entonces el plazo venció...

La gran derrota en todo es olvidar...
Louis-Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche.

El plazo otorgado por el poeta Javier Sicilia venció sin indicios de que las autoridades mexicanas se movilizaran como debería ser su trabajo. Una semana más significa un seguir soportando la sangre de la una guerra que no nos pertenece. Como jóvenes es nuestro deber luchar por nuestras vidas que peligran debido a la violencia. Con 24 años e irregularmente una esperanza de vida incierta, si la situación continúa como hasta ahora ¿acaso llegaremos hasta los 30 años? Al menos (excepto algunos pocos) todos los jóvenes deseamos saber lo que es alcanzar el tres cero. Esta es una carta dirigida al Javier Sicilia y al Pueblo de México por la coordinadora Metropolitana Contra la Militarización y la Violencia

Querido Javier Sicilia:
Al pueblo de México:
La mayoría de los que escribimos esta carta somos jóvenes como Francisco, como Luis Antonio, como Julio Cesar y como Gabriel. Jóvenes con ganas de vivir como lo eran Brenda Ivonne y los otros 17 estudiantes asesinados en Villas de Salvárcar. Jóvenes como los muchos miles que el gobierno y el crimen organizado han asesinado y desaparecido en esta "guerra" iniciada desde 2006.
Somos estudiantes de distintas universidades, trabajadores que queremos una vida digna. Jóvenes que ya no queremos más muerte, más sangre, más dolor, más indiferencia… Hombres y mujeres que no queremos vivir con miedo. Que queremos salir a las calles, al trabajo o a la escuela y poder regresar a nuestras casas. Jóvenes que queremos ser el presente y el futuro de México y no los muertos de México.
Pero esa posibilidad nos la están negando: nos la niega el gobierno encabezado por Felipe Calderón que con su “estrategia” de guerra provoca muerte y violencia; y nos la niega también el crimen organizado que ha logrado corromper a políticos y funcionarios públicos de todos los niveles.


Digámoslo en voz alta para que todo mundo lo escuche: los principales responsables de esta barbarie son los políticos que nos gobiernan; gobernantes que por ambición de poder no se han interesado en dar escuelas, trabajos, hospitales y alternativas. Son ellos que con su capitalismo salvaje lo destruyen todo.
No queremos seguir viviendo así. No podemos seguir muriendo de esta manera.
Porque sabemos que los cambios no vendrán de arriba es que nos estamos organizando. Sabemos que sólo una transformación de raíz –social, política, económica y cultural- acabará con esta etapa. Creemos que únicamente organizándonos, unificando luchas y protestando lograremos esa gran transformación que México necesita.
También como tu Javier, estamos hartos de violencia, muerte e injusticia. Por eso es que llamamos a todo el pueblo mexicano a organizarse. Porque no podemos seguir tolerando tanta muerte y dolor es que convocamos a movilizarnos, a resistir organizadamente, a no renunciar a nuestro derecho a la vida y a construir un país distinto.
Tomemos las calles, ocupemos las plazas, inundemos con vida este país que los poderosos han querido sepultar con muerte. Sólo juntos podremos enfrentar tanto dolor, tanta injusticia.
Pueblo de México: tus hijos están siendo asesinados, tus tierras bañadas con sangre por la ambición de unos cuantos.
Pueblo de México: ha llegado el momento de detener esta guerra o acostumbrarnos a vivir entre el fétido olor a muerte.

¡Ante la razón de la fuerza, la fuerza de la movilización!
¡Por el regreso de las fuerzas federales a sus cuarteles!
¡Juicio y castigo a responsables!
¡Exigimos políticas sociales!
¡Queremos escuelas, queremos trabajos queremos hospitales, NO queremos MILITARES!

¡Alcemos la voz para tener la vida completa que nos corresponde!

jueves, 7 de abril de 2011

No más sangre

Ayer en el centro histórico de la Ciudad de México se dio un evento de suma importancia no solo para aquellos que han sufrido directa o indirectamente las tragedias de la violencia, si no a todos aquellos que vivimos en este país y nos dignemos de llamarnos seres humanos. No voy a negar que fui a la manifestación convocada por el poeta Javier Sicilia, cuyo hijo Juan Francisco de 24 años de edad fue asesinado junto con sus amigos. Este caso es solamente parte de la bomba que se desata en el país debido a la violencia y más en específico a los juvenicidios (casi todos los que han sido asesinados son jóvenes). Sin embargo es muy cierto que si no comenzamos a tomar conciencia de nuestra responsabilidad con nuestro país podemos considerarnos como cómplices de la barbarie que se desata en nuestro país. 
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Miles/personas/reivindican/Mexico/fin/violencia/elpepuintlat/20110407elpepuint_8/Tes
    Bajo el grito de "estamos hasta la madre" se ha solicitado al gobierno de México que acabe con la guerra "contra el narcotráfico", guerra que parece estar más en contra de los mexicanos que demandamos paz, justicia y sobre todo exigir lo que es el deber del Estado, proteger a la población. Como lo expresa el Javier Sicilia en su carta abierta a políticos y criminales: 

Sin importar de quién


MÉXICO, DF., 3 de abril.- El brutal asesinato de mi hijo Juan Francisco, de Julio César Romero Jaime, de Luis Antonio Romero Jaime y de Gabriel Anejo Escalera, se suma a los de tantos otros muchachos y muchachas que han sido igualmente asesinados a lo largo y ancho del país a causa no sólo de la guerra desatada por el gobierno de Calderón contra el crimen organizado, sino del pudrimiento del corazón que se ha apoderado de la mal llamada clase política y de la clase criminal, que ha roto sus códigos de honor.
No quiero, en esta carta, hablarles de las virtudes de mi hijo, que eran inmensas, ni de las de los otros muchachos que vi florecer a su lado, estudiando, jugando, amando, creciendo, para servir, como tantos otros muchachos, a este país que ustedes han desgarrado. Hablar de ello no serviría más que para conmover lo que ya de por sí conmueve el corazón de la ciudadanía hasta la indignación. No quiero tampoco hablar del dolor de mi familia y de la familia de cada uno de los muchachos destruidos. Para ese dolor no hay palabras –sólo la poesía puede acercarse un poco a él, y ustedes no saben de poesía–. Lo que hoy quiero decirles desde esas vidas mutiladas, desde ese dolor que carece de nombre porque es fruto de lo que no pertenece a la naturaleza –la muerte de un hijo es siempre antinatural y por ello carece de nombre: entonces no se es huérfano ni viudo, se es simple y dolorosamente nada–, desde esas vidas mutiladas, repito, desde ese sufrimiento, desde la indignación que esas muertes han provocado, es simplemente que estamos hasta la madre.
Estamos hasta la madre de ustedes, políticos –y cuando digo políticos no me refiero a ninguno en particular, sino a una buena parte de ustedes, incluyendo a quienes componen los partidos–, porque en sus luchas por el poder han desgarrado el tejido de la nación, porque en medio de esta guerra mal planteada, mal hecha, mal dirigida, de esta guerra que ha puesto al país en estado de emergencia, han sido incapaces –a causa de sus mezquindades, de sus pugnas, de su miserable grilla, de su lucha por el poder– de crear los consensos que la nación necesita para encontrar la unidad sin la cual este país no tendrá salida; estamos hasta la madre, porque la corrupción de las instituciones judiciales genera la complicidad con el crimen y la impunidad para cometerlo; porque, en medio de esa corrupción que muestra el fracaso del Estado, cada ciudadano de este país ha sido reducido a lo que el filósofo Giorgio Agamben llamó, con palabra griega, zoe: la vida no protegida, la vida de un animal, de un ser que puede ser violentado, secuestrado, vejado y asesinado impunemente; estamos hasta la madre porque sólo tienen imaginación para la violencia, para las armas, para el insulto y, con ello, un profundo desprecio por la educación, la cultura y las oportunidades de trabajo honrado y bueno, que es lo que hace a las buenas naciones; estamos hasta la madre porque esa corta imaginación está permitiendo que nuestros muchachos, nuestros hijos, no sólo sean asesinados sino, después, criminalizados, vueltos falsamente culpables para satisfacer el ánimo de esa imaginación; estamos hasta la madre porque otra parte de nuestros muchachos, a causa de la ausencia de un buen plan de gobierno, no tienen oportunidades para educarse, para encontrar un trabajo digno y, arrojados a las periferias, son posibles reclutas para el crimen organizado y la violencia; estamos hasta la madre porque a causa de todo ello la ciudadanía ha perdido confianza en sus gobernantes, en sus policías, en su Ejército, y tiene miedo y dolor; estamos hasta la madre porque lo único que les importa, además de un poder impotente que sólo sirve para administrar la desgracia, es el dinero, el fomento de la competencia, de su pinche “competitividad” y del consumo desmesurado, que son otros nombres de la violencia.
De ustedes, criminales, estamos hasta la madre, de su violencia, de su pérdida de honorabilidad, de su crueldad, de su sinsentido.
Antiguamente ustedes tenían códigos de honor. No eran tan crueles en sus ajustes de cuentas y no tocaban ni a los ciudadanos ni a sus familias. Ahora ya no distinguen. Su violencia ya no puede ser nombrada porque ni siquiera, como el dolor y el sufrimiento que provocan, tiene un nombre y un sentido. Han perdido incluso la dignidad para matar. Se han vuelto cobardes como los miserables Sonderkommandos nazis que asesinaban sin ningún sentido de lo humano a niños, muchachos, muchachas, mujeres, hombres y ancianos, es decir, inocentes. Estamos hasta la madre porque su violencia se ha vuelto infrahumana, no animal –los animales no hacen lo que ustedes hacen–, sino subhumana, demoniaca, imbécil. Estamos hasta la madre porque en su afán de poder y de enriquecimiento humillan a nuestros hijos y los destrozan y producen miedo y espanto.
Ustedes, “señores” políticos, y ustedes, “señores” criminales –lo entrecomillo porque ese epíteto se otorga sólo a la gente honorable–, están con sus omisiones, sus pleitos y sus actos envileciendo a la nación. La muerte de mi hijo Juan Francisco ha levantado la solidaridad y el grito de indignación –que mi familia y yo agradecemos desde el fondo de nuestros corazones– de la ciudadanía y de los medios. Esa indignación vuelve de nuevo a poner ante nuestros oídos esa acertadísima frase que Martí dirigió a los gobernantes: “Si no pueden, renuncien”. Al volverla a poner ante nuestros oídos –después de los miles de cadáveres anónimos y no anónimos que llevamos a nuestras espaldas, es decir, de tantos inocentes asesinados y envilecidos–, esa frase debe ir acompañada de grandes movilizaciones ciudadanas que los obliguen, en estos momentos de emergencia nacional, a unirse para crear una agenda que unifique a la nación y cree un estado de gobernabilidad real. Las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una marcha nacional el miércoles 6 de abril que saldrá a las 5:00 PM del monumento de la Paloma de la Paz para llegar hasta el Palacio de Gobierno, exigiendo justicia y paz. Si los ciudadanos no nos unimos a ella y la reproducimos constantemente en todas las ciudades, en todos los municipios o delegaciones del país, si no somos capaces de eso para obligarlos a ustedes, “señores” políticos, a gobernar con justicia y dignidad, y a ustedes, “señores” criminales, a retornar a sus códigos de honor y a limitar su salvajismo, la espiral de violencia que han generando nos llevará a un camino de horror sin retorno. Si ustedes, “señores” políticos, no gobiernan bien y no toman en serio que vivimos un estado de emergencia nacional que requiere su unidad, y ustedes, “señores” criminales, no limitan sus acciones, terminarán por triunfar y tener el poder, pero gobernarán o reinarán sobre un montón de osarios y de seres amedrentados y destruidos en su alma. Un sueño que ninguno de nosotros les envidia.

¿A eso le permitimos gobernar?

No hay vida, escribía Albert Camus, sin persuasión y sin paz, y la historia del México de hoy sólo conoce la intimidación, el sufrimiento, la desconfianza y el temor de que un día otro hijo o hija de alguna otra familia sea envilecido y masacrado, sólo conoce que lo que ustedes nos piden es que la muerte, como ya está sucediendo hoy, se convierta en un asunto de estadística y de administración al que todos debemos acostumbrarnos.
Porque no queremos eso, el próximo miércoles saldremos a la calle; porque no queremos un muchacho más, un hijo nuestro, asesinado, las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una unidad nacional ciudadana que debemos mantener viva para romper el miedo y el aislamiento que la incapacidad de ustedes, “señores” políticos, y la crueldad de ustedes, “señores” criminales, nos quieren meter en el cuerpo y en el alma.
Recuerdo, en este sentido, unos versos de Bertolt Brecht cuando el horror del nazismo, es decir, el horror de la instalación del crimen en la vida cotidiana de una nación, se anunciaba: “Un día vinieron por los negros y no dije nada; otro día vinieron por los judíos y no dije nada; un día llegaron por mí (o por un hijo mío) y no tuve nada que decir”. Hoy, después de tantos crímenes soportados, cuando el cuerpo destrozado de mi hijo y de sus amigos ha hecho movilizarse de nuevo a la ciudadanía y a los medios, debemos hablar con nuestros cuerpos, con nuestro caminar, con nuestro grito de indignación para que los versos de Brecht no se hagan una realidad en nuestro país.
Además opino que hay que devolverle la dignidad a esta nación.
Palabras más exactas no se pueden encontrar, imaginemos que un amigo, hermano, primo o compañero lo desaparezcan y en el mejor de los casos sea encontrado asesinado, pero si pasan días o incluso meses sin rastros de su fortuna es una tortura enorme para aquellos quienes tuvieron amistad o trato con esa persona. Imaginemos que incluso me desaparezcan, ¿que pensarían?. Ha llegado el momento de tomar nuestra responsabilidad como mexicanos y como seres humanos. Hoy se cumple un día del plantón que comenzó el día miércoles 6 de abril.
http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=166075


Exhorto a todos a que levantemos la voz y comencemos a cumplir nuestra obligación como ciudadanos: si el gobierno no es eficiente, que renuncie.